Mi última canción
26 de octubre de 2008 by Juan
Los estudiosos del tema no se ponen de acuerdo sobre la fecha exacta del nacimiento de Tomasso Gigliotti. Algunos señalan que fue a inicios del mes de marzo de 1947, otro grupo en cambio se inclina por los últimos días de noviembre de 1949, muchos otros, los más numerosos, descartan ambas fechas con la única intención de extender la polémica y avivar el mito. De su infancia en
"Estamos todos sonriendo
jugando y aprendiendo
¿Cuál es el nombre de los 5 hermanos
que son los dedos de la mano? "
Escribe Tomasso en esta canción, aludiendo a su vida en el laboratorio de Verona y a los cinco doctores encargados de su cruel custodia.
El éxito de este primer disco es rápidamente opacado por la aparición en la escena musical de Raffaella Roberta Pelloni, conocida luego como Rafaella Carrá, quien es muy bien recibida por la ácida crítica Italiana, mérito a sus composiciones cargadas de crudeza y a su envidiable figura, combinación perfecta que enamora tanto a la intelectualidad como a la plebe Italiana.
“far l'amore comincia tu.. E se si attacca col sentimento portalo in fondo ad un cielo blu, le sue Paure di quel momento le fai scoppiare soltanto tu”
Nos dice Rafaella Carrá en esta canción que a pesar de su temática tan personal recibe todo tipo de elogios y obtiene records de ventas.
Raúl Gómez Astor, con quien Tomasso comparte ya una habitación en las afueras de la ciudad, le hace comprender que el problema con sus canciones no es la temática, ni el que utilice ritmos pasados de moda, o que su figura no tenga la exhuberancia de
En España su ascenso es meteórico, consigue un programa propio en donde su voz bronca pero pausada y su mirada melancólica rinden a todo el país. Pero la felicidad le dura poco, el éxito y el desequilibrio mental avanzan galopantes, su insomnio es cada vez más incontrolable y empieza a sufrir sus primeros delirios. Es en esta época que escribe la que quizás sea su canción más memorable: "A la camita"
“Hasta mañana, si dios quiere,
que descansen bien...
llegó la hora de acostarse
y soñar también...
Porque mañana será otro día,
hay que vivirlo con alegría…”
Este descarnado y conmovedor testimonio en tono de ironía nos muestra a Topo Gigio en su real dimensión, un sujeto atormentado por sus sufrimientos, que se ríe de sí mismo y que finalmente intenta ser optimista. Las desgracias nunca vienen solas y el éxito en España lo obliga a tener entrevistas sin descanso y dar presentaciones en todo el país y en gran parte de Latinoamérica. Raúl, al ver a Gigio totalmente desmejorado, decide sacarlo de la vorágine en la que se encuentra por culpa de tanta fama y consigue afincarlo en la capital mexicana.
En México consiguen rápidamente un programa propio, a decir verdad una copia fiel del programa español; allí el plato fuerte es la secuencia final de cada emisión en la que Topo Gigio hace mofa de su insomnio cantando “A la camita” y gritándolo con desmedidas ansias al momento de echarse a dormir.
Sus delirios son el otro hito en su biografía. El tema no ha querido ser abordado por Astor por respeto a su amigo, sin embargo muchos de los trabajadores (camarógrafos y luminitos) fueron testigos de ataques de ira y gritos destemplados que le sobrevinieron en varias ocasiones. El rumor de sus desequilibrios es la comidilla de todos los programas de espectáculos; Astor sugiere a Topo Gigio simular uno de estos ataques de ira ante cámaras para convencer a su tele audiencia de ser parte de una secuencia nueva del programa. La idea termina siendo contraproducente y aquellos gritos destemplados y temblores simulados emocionan a sus seguidores. Sus productores le piden que cante menos y haga más payasadas, que simule más ataques, en suma, intentan convertir a Topo Gigio en un producto mediático, vendedor y efectista. Esto le conduce nuevamente a más depresiones, más insomnio, más delirios y a un intento de suicidio. Pero nuevamente es Raúl Astor quien sale a su rescate. Su siguiente parada sería Buenos Aires.
Argentina es el único país de Latinoamérica donde Gigio no es un ídolo y esto le permite tener una vida un poco más sosegada. El programa sin embargo se sigue transmitiendo para el resto de países de la región. Gigio sigue siendo asaltado por sus delirios, los doctores que lo atienden describen entre sus más recurrentes alucinaciones cierta sensación de estar en un laberinto, como en sus terribles épocas de Verona, desesperado por encontrar la salida. La claustrofobia es para entonces un ítem más en su historial médico; las pocas veces que logra dormir sólo le sirven para revivir en sueños los maltratos y torturas a las que fue sometido en el laboratorio. Las terapias a las que es sometido no parecen dar resultados, sus tan aclamadas simulaciones de ataques de ira y delirio terminan siendo reales crisis nerviosas que logran ser aplacadas sólo por el besito de las buenas noches que el buen Astor le da a modo de paliativo. La tragedia sobreviene en una noche de septiembre de 1986, en plena transmisión de su programa en vivo. Topo Gigio tiene un arranque de locura, coge una navaja de afeitar que ha sacado de su camerino y de un tajo se arranca una de sus descomunales orejas. La escena es dantesca, los últimos segundos de esa emisión muestran a Gigio despidiendo sangre a borbotones y gritando “yo soy Van Gogh, yo soy Van Gogh!!”. Inmediatamente el programa es interrumpido en medio del estupor del público de todo Latinoamérica. Al día siguiente aparece nuevamente en pantallas, ojeroso, pálido, abotagado por los ansiolíticos y con un parche en lugar de la oreja izquierda. Su figura es lastimera, trágica, conmovedora. Le cancelan el programa.
Su encierro en el hospital psiquiátrico Braulio Moyano dura casi dos años. Para sorpresa de Astor, quien creía que todo lugar parecido a un laboratorio traería terribles consecuencias, el encierro parece haber obrado ahora adecuadamente, la medicación parece surtir efectos favorables y Gigio muestra una franca mejoría. Su mejor terapia y única redención es la entrega por completo a la composición de nuevas canciones que va grabando de a pocos pero ininterrumpidamente, ésta es pues su época más prolífica, prueba de ello son los memorables títulos: “Aprendamos a conocer los sentidos” una de sus más catárticas canciones, “Cantando los números”, con reminiscencias numismático-metafísicas y sobre todo la famosa “no controles” que, según últimas investigaciones, fue robada por Nacho Cano, integrante de Mecano, quien se la vendió al mediocre trío FLANS por la irrisoria suma de cuatro dólares con veinticinco centavos. Curiosamente FLANS obtendría mucho éxito en México y Latinoamérica con esta canción, aunque hoy ya nadie las recuerda. Gigio era pues para entonces un autor pobremente valorado, y además, con muy poca fortuna. Topo Gigio es consciente de que sus composiciones jamás serán comprendidas en su real dimensión, está agotado, sin embargo cree todavía poder encandilar a la gente, así que a su salida del hospital psiquiátrico, viejo y en la total miseria, le pide a Astor un último favor, conseguir que alguna televisora local presente su más recién composición musical y le pide además, si fuera posible, tener público en el estudio. Cree fervientemente que su última creación conquistará al público sin importar su edad ni su condición. Astor sabe que Topo Gigio se está jugando su última carta, no tiene el valor de negarse. Tras varios días de gestiones y llamadas convence a Susana Jiménez de presentarlo al final de su programa. Nadie ha escuchado antes su canción, lo cual ha generado durante la emisión del programa cierta expectativa. Como despedida, dice Susana, lo anunciado, en primicia, la última canción compuesta por el recordado Topoooooooo Gigioooooo. Topo Gigio hace su aparición ante cámaras luego de más de dos años de ausencia, y para asombro de quienes recuerdan la espantosa escena de la oreja cercenada, lleva ahora una burda oreja de esponja pegada de mala manera con sus propias manos y al son de los primeros compases empieza la que sería su última presentación en televisión:
Contaré la historia de una famosa persona
todos la conocen con el apodo de Chona
su marido dice ya no sé qué hacer con ella
diario va a los bailes y se compra su botella
se arranca la banda con la primera canción
Y
la gente la mira y la empieza a gritar
Bravo bravo chona nadie te puede igualar
Se le escucha cantar a Gigio en ritmo de Cumbia Sanjuanera mientras menea la cintura intentando llevar el ritmo con tan poca pericia que al intentar una media vuelta se le desprende la oreja de espuma y cae al suelo. Las luces del plató le dan justo en el rostro, el ritmo Sanjuanero sigue estridente pero él ya no canta, se oye el murmullo de la gente y luego las risas que ya no pueden ser contenidas; con una expresión de total derrota recoge su oreja de esponja y desaparece de escena en medio de las carcajadas del público.
Nadie ha sabido a ciencia cierta qué fue de nuestro artista luego de aquella patética presentación, sin embargo se han oído rumores de que Tomasso Gigliotto, quien alguna vez fue el famoso y muy incomprendido Topo Gigio, pasea su apesadumbrada figura por las alcantarillas de Buenos Aires, arrastrando su oreja de espuma y tarareando la muletilla de la última canción que nunca, nunca, pudo terminar de interpretar: Bravo bravo Chona, nadie te puede igualar, bravo bravo chona nadie te puede igualar.
