Mi última canción

Los estudiosos del tema no se ponen de acuerdo sobre la fecha exacta del nacimiento de Tomasso Gigliotti. Algunos señalan que fue a inicios del mes de marzo de 1947, otro grupo en cambio se inclina por los últimos días de noviembre de 1949, muchos otros, los más numerosos, descartan ambas fechas con la única intención de extender la polémica y avivar el mito. De su infancia en la Roma de mitad del siglo veinte también se sabe poco, algunas fotos conservadas en la pequeña escuela de Saint Stephen's, donde pasó su infancia y primera juventud, son los únicos registros con los que se cuentan, los cuales nos dan los primeros datos certeros sobre su corta pero extraña biografía. De este registro destaca una curiosa serie de seis fotografías en las que descubrimos a Tomasso Gigliotti en una fiesta de disfraces a la que asistió completamente desnudo, lo que nos confirma su temprana rebeldía, sus formas redondeadas y su singular cola. Los años en la escuela de Saint Stephen's han suscitado también numerosas conjeturas; algunos testimonios concuerdan en que aquellos fueron años difíciles por las constantes burlas de sus compañeros hacia sus desproporciones; otros en cambio convienen en afirmar que más allá de los problemas propios de la adolescencia, la vida de Tomasso transcurrió en Saint Stephen's scholl bastante tranquila. Le perdemos el rastro hasta 1962, año en el que hace su primera aparición pública en "Caffé Latino" donde interpreta tangos de arrabal y canciones de vodevil intercalados oportunamente con números de prestidigitación. Tras la tibia aceptación del público los dueños del local lo conminan a eliminar las canciones y dedicarse únicamente al espectáculo de magia, Tomasso amenaza con renunciar al espectáculo pues considera que sus interpretaciones vocales son su mayor virtud. Los dueños del local no se arriesgan a que cumpla su amenaza, y de inmediato, lo despiden. El dinero para entonces es escaso, según cuenta su amigo el español Raúl Gómez Astor; Tomasso Gigliotti se ve obligado a viajar hasta un laboratorio de la universidad de Verona en donde le ofrecen un trabajo arriesgado pero con casa y comida aseguradas. Esta es la época más difícil en la vida de Tomasso, según refiere Astor, pues sufre indecibles torturas y un encierro enloquecedor durante siete meses cuyas secuelas se verán después reflejadas en su obra. Tras haber sido sometido a innumerables experimentos es dejado abandonado en las riveras del río Adige, con daños evidentes e irreversibles, su voz se ve muy afectada por las dosis de compuestos químicos que le fueron inoculados y sufre también de un insomnio que lo acompañará por el resto de sus días. Una vez en libertad emprende el regreso a Roma pero esta vez teniendo muy clara su meta, convertirse en un cantante exitoso por dos razones fundamentales, para no terminar nuevamente trabajando (o más bien siendo explotado) en algún laboratorio experimental y sobre todo porque comprende que son sus canciones la única forma en la que es capaz de expresar su ya atormentado mundo interior. Durante su época de encierro ha compuesto sus primeras canciones y está decidido a darse a conocer por cualquier medio. La oportunidad le llega en el programa Canzonissima en donde una secuencia de nuevos talentos parece ser el trampolín perfecto. Su primer single "Jugando con los deditos" se convierte en un éxito en ventas. Posteriores análisis han llegado a la conclusión de que esta críptica canción combina ya las dos cualidades de toda su obra posterior: en la superficie la temática naif  en busca de la aceptación de las grandes masas pero en el fondo un complicado entramado de símbolos y figuras poéticas nacidas de las profundas reflexiones motivadas, claro está, por sus terribles experiencias vividas.

 

"Estamos todos sonriendo

jugando y aprendiendo

¿Cuál es el nombre de los 5 hermanos

que son los dedos de la mano? "

 

Escribe Tomasso en esta canción, aludiendo a su vida en el laboratorio de Verona y a los cinco doctores encargados de su cruel custodia.

 

El éxito de este primer disco es rápidamente opacado por la aparición en la escena musical de Raffaella Roberta Pelloni, conocida luego como Rafaella Carrá, quien es muy bien recibida por la ácida crítica Italiana, mérito a sus composiciones cargadas de crudeza y a su envidiable figura, combinación perfecta que enamora tanto a la intelectualidad como a la plebe Italiana.

 

“far l'amore comincia tu.. E se si attacca col sentimento portalo in fondo ad un cielo blu, le sue Paure di quel momento le fai scoppiare soltanto tu”

 

Nos dice Rafaella Carrá en esta canción que a pesar de su temática tan personal recibe todo tipo de elogios y obtiene records de ventas. 

Raúl Gómez Astor, con quien Tomasso comparte ya una habitación en las afueras de la ciudad, le hace comprender que el problema con sus canciones no es la temática, ni el que utilice ritmos pasados de moda, o que su figura no tenga la exhuberancia de la Carrá, sino que sus canciones están escritas en español. Emigrar es entonces la natural consecuencia de esta sabia reflexión; reúnen el poco dinero obtenido con las ventas de los discos y se instalan en Madrid. Tomasso no se siente derrotado, entiende que una contienda artística con la Carrá es inútil por lo desigual de las fuerzas; comprende además que toda derrota ante una mujer hermosa no es del todo indigna. Tras unas semanas de reflexión ha ganado en seguridad, se siente inyectado de renovadas energías y confía, quizá en demasía, en su talento y en el prometedor éxito que presiente tendrá en un país donde podrán al fin entender sus canciones. Este cambio es clave en su biografía pues es en Madrid donde decide cambiarse de nombre por considerar que Tomasso Gigliotti es poco comercial para los hispanohablantes, adoptando el nombre artístico que lo acompañará hasta el final de su carrera, asistimos pues al real nacimiento de Topo Gigio.

 

En España su ascenso es meteórico, consigue un programa propio en donde su voz bronca pero pausada y su mirada melancólica rinden a todo el país. Pero la felicidad le dura poco, el éxito y el desequilibrio mental avanzan galopantes, su insomnio es cada vez más incontrolable y empieza a sufrir sus primeros delirios. Es en esta época que escribe la que quizás sea su canción más memorable: "A la camita"

 

“Hasta mañana, si dios quiere,

que descansen bien...

llegó la hora de acostarse

y soñar también...

Porque mañana será otro día,

hay que vivirlo con alegría…”

 

Este descarnado y conmovedor testimonio en tono de ironía nos muestra a Topo Gigio en su real dimensión, un sujeto atormentado por sus sufrimientos, que se ríe de sí mismo y que finalmente intenta ser optimista. Las desgracias nunca vienen solas y el éxito en España lo obliga a tener entrevistas sin descanso y dar presentaciones en todo el país y en gran parte de Latinoamérica. Raúl, al ver a Gigio totalmente desmejorado, decide sacarlo de la vorágine en la que se encuentra por culpa de tanta fama y consigue afincarlo en la capital mexicana.

 

En México consiguen rápidamente un programa propio, a decir verdad una copia fiel del programa español; allí el plato fuerte es la secuencia final de cada emisión en la que Topo Gigio hace mofa de su insomnio cantando “A la camita” y gritándolo con desmedidas ansias al momento de echarse a dormir.

 

Sus delirios son el otro hito en su biografía. El tema no ha querido ser abordado por Astor por respeto a su amigo, sin embargo muchos de los trabajadores (camarógrafos y luminitos) fueron testigos de ataques de ira y gritos destemplados que le sobrevinieron en varias ocasiones. El rumor de sus desequilibrios es la comidilla de todos los programas de espectáculos; Astor sugiere a Topo Gigio simular uno de estos ataques de ira ante cámaras para convencer a su tele audiencia de ser parte de una secuencia nueva del programa. La idea termina siendo contraproducente y aquellos gritos destemplados y temblores simulados emocionan a sus seguidores. Sus productores le piden que cante menos y haga más payasadas, que simule más ataques, en suma, intentan convertir a Topo Gigio en un producto mediático, vendedor y efectista. Esto le conduce nuevamente a más depresiones, más insomnio, más delirios y a un intento de suicidio. Pero nuevamente es Raúl Astor quien sale a su rescate. Su siguiente parada sería Buenos Aires.

 

Argentina es el único país de Latinoamérica donde Gigio no es un ídolo y esto le permite tener una vida un poco más sosegada. El programa sin embargo se sigue transmitiendo para el resto de países de la región. Gigio sigue siendo asaltado por sus delirios, los doctores que lo atienden describen entre sus más recurrentes alucinaciones cierta sensación de estar en un laberinto, como en sus terribles épocas de Verona, desesperado por encontrar la salida. La claustrofobia es para entonces un ítem más en su historial médico; las pocas veces que logra dormir sólo le sirven para revivir en sueños los maltratos y torturas a las que fue sometido en el laboratorio. Las terapias a las que es sometido no parecen dar resultados, sus tan aclamadas simulaciones de ataques de ira y delirio terminan siendo reales crisis nerviosas que logran ser aplacadas sólo por el besito de las buenas noches que el buen Astor le da a modo de paliativo. La tragedia sobreviene en una noche de septiembre de 1986, en plena transmisión de su programa en vivo. Topo Gigio tiene un arranque de locura, coge una navaja de afeitar que ha sacado de su camerino y de un tajo se arranca una de sus descomunales orejas. La escena es dantesca, los últimos segundos de esa emisión muestran a Gigio despidiendo sangre a borbotones y gritando “yo soy Van Gogh, yo soy Van Gogh!!”. Inmediatamente el programa es interrumpido en medio del estupor del público de todo Latinoamérica. Al día siguiente aparece nuevamente en pantallas, ojeroso, pálido, abotagado por los ansiolíticos y con un parche en lugar de la oreja izquierda. Su figura es lastimera, trágica, conmovedora. Le cancelan el programa.

 

Su encierro en el hospital psiquiátrico Braulio Moyano dura casi dos años. Para sorpresa de Astor, quien creía que todo lugar parecido a un laboratorio traería terribles consecuencias, el encierro parece haber obrado ahora adecuadamente, la medicación parece surtir efectos favorables y Gigio muestra una franca mejoría. Su mejor terapia y única redención es la entrega por completo a la composición de nuevas canciones que va grabando de a pocos pero ininterrumpidamente, ésta es pues su época más prolífica, prueba de ello son los memorables títulos: “Aprendamos a conocer los sentidos” una de sus más catárticas canciones, “Cantando los números”, con reminiscencias numismático-metafísicas y  sobre todo la famosa “no controles” que, según últimas investigaciones, fue robada por Nacho Cano, integrante de Mecano, quien se la vendió al mediocre trío FLANS por la irrisoria suma de cuatro dólares con veinticinco centavos. Curiosamente FLANS obtendría mucho éxito en México y Latinoamérica con esta canción, aunque hoy ya nadie las recuerda. Gigio era pues para entonces un autor pobremente valorado, y además, con muy poca fortuna. Topo Gigio es consciente de que sus composiciones jamás serán comprendidas en su real dimensión, está agotado, sin embargo cree todavía poder encandilar a la gente, así que a su salida del hospital psiquiátrico, viejo y en la total miseria, le pide a Astor un último favor, conseguir que alguna televisora local presente su más recién composición musical y le pide además, si fuera posible, tener público en el estudio. Cree fervientemente que su última creación conquistará al público sin importar su edad ni su condición. Astor sabe que Topo Gigio se está jugando su última carta, no tiene el valor de negarse. Tras varios días de gestiones y llamadas convence a Susana Jiménez de presentarlo al final de su programa. Nadie ha escuchado antes su canción, lo cual ha generado durante la emisión del programa cierta expectativa. Como despedida, dice Susana, lo anunciado, en primicia, la última canción compuesta por el recordado Topoooooooo Gigioooooo. Topo Gigio hace su aparición ante cámaras luego de más de dos años de ausencia, y para asombro de quienes recuerdan la espantosa escena de la oreja cercenada, lleva ahora una burda oreja de esponja pegada de mala manera con sus propias manos y al son de los primeros compases empieza la que sería su última presentación en televisión:

 

Contaré la historia de una famosa persona

todos la conocen con el apodo de Chona

su marido dice ya no sé qué hacer con ella

diario va a los bailes y se compra su botella

se arranca la banda con la primera canción

Y la Chona luego luego busca bailador

la gente la mira y la empieza a gritar

Bravo bravo chona nadie te puede igualar 

 

Se le escucha cantar a Gigio en ritmo de Cumbia Sanjuanera mientras menea la cintura intentando llevar el ritmo con tan poca pericia que al intentar una media vuelta se le desprende la oreja de espuma y cae al suelo. Las luces del plató le dan justo en el rostro, el ritmo Sanjuanero sigue estridente pero él ya no canta, se oye el murmullo de la gente y luego las risas que ya no pueden ser contenidas; con una expresión de total derrota recoge su oreja de esponja y desaparece de escena  en medio de las carcajadas del público.

 

Nadie ha sabido a ciencia cierta qué fue de nuestro artista luego de aquella patética presentación, sin embargo se han oído rumores de que Tomasso Gigliotto, quien alguna vez fue el famoso y muy incomprendido Topo Gigio, pasea su apesadumbrada figura por las alcantarillas de Buenos Aires, arrastrando su oreja de espuma y tarareando la muletilla de la última canción que nunca, nunca, pudo terminar de interpretar: Bravo bravo Chona, nadie te puede igualar, bravo bravo chona nadie te puede igualar.

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