Monroy
24 de diciembre de 2005 by Juan
Es un pasillo largo y frío, a los lados sillones desvencijados hacen la espera insoportablemente larga. Los asientos son ocupados de manera curiosa: un joven o una señorita seguida de un anciano esperando consulta, luego otro joven, luego otro anciano y así sucesivamente, intercalan posiciones hasta el final del corredor formando una hilera cronológicamente dispersa pero simétrica. En esta zona del hospital las largas esperas son cosa común, los ancianos conversan por encima de las cabezas de sus hijos que los acompañan con desgano e impaciencia. Los congresistas son unos raterazos, la juventud de ahora..., el Perú está jodido... ; son frases que parecen flotar todo el tiempo en el ambiente.
Mi padre nunca ha sido demasiado elocuente, tuvo siempre aquella cualidad escasa en la gente: Piensa mucho cada palabra que va a decir. A diferencia del resto, él habla conmigo e ignora a la gente de su edad.
Chino, me dice, el doctor Contreras era el mejor urólogo, ahora lo han mandado a pediatría, como si los niños sufrieran de próstata, todo está de cabeza, será como dicen mis colegas que nos quieren matar rápido, somos sólo cuerpos inútiles.
Un hombre de espalda ancha y caminar pausado se acerca a mi padre. Disculpa hermanito, ¿tu no eres Osorio? Mi padre lo mira, frunce el ceño, sonríe, las sienes se le arrugan, se pone de pie, ¡hola compadre!, tu eres Canelo ¿no?, ¡no te había reconocido! Se abrazan, palmean sus espaldas con sonoridad sorprendente y yo sólo atino a arrellanarme en el asiento.
...contigo trabajamos en la comisaría de Monserrate no es cierto?, ¿claro!, el gordo Canelo, ¡como no te voy a recordar!
Un ligero sacudir de su rolliza mano me indica, con esa descortesía de quien aún se siente con autoridad, que le haga espacio para que se siente junto a mi padre. Me hago a un lado, su mano me palmea la rodilla, gracias flaquito, su brazo se posa en la espalda de mi viejo con total naturalidad, mi padre parece no molestarse, yo que creía que le disgustaban las personas que se toman demasiadas confianzas.
¿Y te ves con alguno de los colegas?, no compadre, ya tiempo que no los veo, ha pasado tanto tiempo, yo fui el primero en salir de Monserrate, a mi me cambiaron ¿no te acuerdas?, carajo, me mandaron a la selva, si si, lo recuerdo, por dormirte en el servicio pues, ah, carajo, tu no has cambiado nada Osorio, tas igualito, no creas coleguita, ya los achaques...
La verdad Osorio, yo casi no recuerdo a los colegas de Monserrate, salvo a don Pedro, ¡don Pedro, buenísima persona! supe que se murió hace como un par de años, carambas que pena hombre, así es pues hermanito, yo lo estimaba mucho...
Me sé esa historia bastante bien: Don Pedro era el comisario en la dependencia de Monserrate, mi padre fue a trabajar allá apenas salió de la escuela de policía, don Pedro lo estimaba mucho, le decía que debió haber estudiado otra cosa, que la policía no era para él, era demasiado educado, demasiado tranquilo, demasiado respetuoso, Don Pedro lo sobreprotegía....
...pero Don Pedro la cagó pues, lo que pasa es que como te vio tranquilito pensó que juntándote al loco Monroy lo harías cambiar, pero ese loco era incorregible. Si pues, pero era buen pata; ¿Cuanto tiempo te quedaste en Monserrate?, estuvimos como tres años, ¿siempre haciendo pareja con Monroy?, si, siempre con el loquito Monroy, hasta que lo cambiaron pues, no jodas, eso ya no supe yo, porque ah?
Mi viejo decía que el loco Monroy era un buen policía, solo que, como muchos locos, tenía un vicio: El trago. Don Pedro decidió que mi padre y el loco Monroy hicieran pareja para hacer las investigaciones. En esa época trabajar en la comisaría de Monserrate tenía grandes ventajas: Sucedían muchos robos a turistas y visitar los buenos hoteles del centro de la ciudad era parte de la labor de investigación; tomarse un trago mientras se entrevistaba a algún gringo agraviado, mirar a las muchachas, tomarse un vaso de wisky en medio de la mesa, fumarse un cigarro, parecía ser la mejor de las chambas.
El primer caso que les asignaron fue todo un éxito, y sirvió para que la pareja ganara fama en la comisaría. Habían asesinado a un carterista cerca de la colmena. Don Pedro los conminó a no regresar hasta que detuviesen al autor del crimen. Me lo controlas al loco, le había dicho a mi padre, ya Don Pedro, había respondido sin mucha convicción mi viejo. El problema era como encontrar al asesino, no habían pistas, pero por tratarse de un delincuente era probable que la muerte haya sido un ajuste de cuentas. Esta jodido flaco, ¿cual es tu nombre?, Osorio, no pues, no seas cojudo, dime tu nombre, Juan, ah, como yo, bueno tocayo, habrá que chambear, pero un traguito no nos caería mal antes de empezar, pero Don Pedro..., Don Pedro no se va a enterar o si?, no, claro que no; mira compare, Don Pedro no nos va a joder siempre que encontremos al asesino, además, el mismo dijo que no volviéramos hasta agarrarlo, vamos a tomar unos tragos, ya maceraditos empezamos a chambear, el trago hace pensar mejor, vas a ver...
Era medio día. Ingresaron al restaurante del chino Yong, un tipo menudo de formas redondas y sonrisa eterna en el rostro. Pidieron dos cervezas, luego dos mas, y luego otras dos...
Puta mare Juanito, estoy cagado, Don Pedro nos va a mandar a la mierda si no llamamos a reportarnos, vas a tener que ir, culebreando no importa, hasta el teléfono de la esquina y llamarlo, le dices que estamos interrogando a un sospechoso, ya tú ves pues, por algo eres policía, el policía nunca miente, excepto cuando está borracho.
Don Pedro, que tal, si si, estamos en el Rímac interrogando a un sospechoso... borracho?, yo?, como cree Don Pedro... si si, estoy con Monroy, tenemos una pista, pero es en un prostíbulo, vamos a ir para interrogar a una sospechosa, ya mañana le informamos... no se preocupe Don Pedro... Hasta luego.
Eres un conchasumare juaneco, te..., te puedo decir juaneco no?, ¿no te molesta?, no Monroy, bueno juaneco, así que iremos al chongo a entrevistar a una sospechosa, fue lo único que se me ocurrió pues, pero si está muy bien juaneco, hasta puede que tengas razón, conozco un lugar donde siempre se sabe todo...
Zigzagueante, con la camisa fuera del pantalón, mi padre sonreía mientras Monroy cantaba un vals y abrazados caminaban por las estrechas veredas del centro de Lima. Una puerta con luces multicolores los esperaba.
Moreno, que tal, tráeme dos cervezas, acércate moreno, dime, no hay cariño en esta casa?, ¿ontán las cholas?, tráeme a la Silvia pues, mi amigo está recién llegadito y quiere alegrarse esta noche. Ya jefe, la voy a llamar.
Hola Silvia, Hola Monroy, saluda a mi pata juaneco, quiere tomar contigo unos tragos, está solo en Lima, acaba de salir de la escuela y está con el arma en ristre... Salud pues Silvia, no seas sobrada, salud pues, por tu amigo que está guapo; me llamo Juan; tu puedes llamarlo juaneco, para que agarren confianza. ¡Salud!, ¡Salud!
Era difícil emborrachar a las prostitutas, tenían un alambique en el hígado, sin embargo Monroy tenía una cualidad envidiable: Una vez mareado permanecía en un estado que él llamaba “de sana alegría” en el que podía tomar una dama juana entera y no sentir ya los efectos del alcohol.
Bueno Silvia, te voy a decir la verdad, estas jodida, varios turistas han llegado a denunciar robos de relojes y dinero; sobre todo gringos que se ha alojado en el hotel Maury, las descripciones que han dado coinciden totalmente contigo así que te puedo cagar, ahora, el único que sabe que esa descripción te corresponde soy yo, pero si nos ayudas a resolver un asunto podemos olvidar este incidente, puta madre Monroy, no pensarás meterme presa ¿no?, mira flaquita, si no meto preso a un delincuente esta semana mi jefe me cuelga de los huevos; tu debes saber algo sobre el tipo que enfriaron en la calle Camaná ayer en la madrugada. Si nos ayudas a encontrar al que lo mató nos olvidamos de tu caso, que dices flaquita, sino, te jodes porque te metemos para dentro, y ya sabes que allí los tombos andan mas arrechos que mi pata Juaneco.
Silvia los condujo al día siguiente a una fiesta en barrios altos donde estaba el presunto asesino. Pidieron refuerzos y a la salida de la fiesta lo capturaron completamente ebrio. Las huellas digitales coincidían con las del arma usada en el asesinato que fue encontrada unos días después en un basural cerca al río Rímac.
El caso resuelto en pocos días encumbraron a mi padre y a Monroy a la categoría de investigadores para casos especiales. Suerte de principiante, se había dicho mi padre, el resultado de ese caso había sido sólo consecuencia de hechos fortuitos que afortunadamente habían conducido al asesino, pero era poco probable que la suerte los acompañara siempre, aunque poco sabían de probabilidades los asesinos, las prostitutas, y sobre todo Monroy.
La primera impresión es la que vale, siempre me repite mi viejo; eso debió suceder en la comisaría de Monserrate. En casi un año de trabajo posterior al paradigmático caso, la famosa pareja Monroy - Osorio no capturó ni a un ladrón de limones en el mercado; pero su cuenta con el chino Yong conformada por cervezas, piscos y menestrones había crecido enormemente y su reputación y respeto seguían intactos entre sus colegas.
...ese Monroy, pobre loquito carajo, su mujer tenía la culpa, por su culpa paraba chupando el loco, si no? ¿Te acuerdas cuando le hizo todo un escándalo en la comisaría?, si pues hermano, una bronca tremenda, la mujer le arrancó los lentes, se los tiró al suelo y se los pisoteó, se fueron a las manos, bien brava la flaquita ah!, felizmente esa se la perdonó Don Pedro, y entonces ¿cómo fue que lo cambiaron?...
Mi padre, por razones extrañas que nunca me ha querido explicar, dormía en el segundo piso de la comisaría, confianzas que Don Pedro sólo se las permitió a él. Por las tardes, aunque no le correspondiese, mi viejo ayudaba a elaborar los partes y cualquier documento que se necesitaba y durante las noches acompañaba en sus desvelos a quienes estaban de servicio.
Una noche en la que Monroy y mi padre estaban de guardia llegó una mujer con el rostro petrificado por el susto, venía a denunciar el abuso que cometía el conviviente de su hija, esa noche había ingresado a la casa de la mujer completamente borracho y amenazando a su hija con un puñal la había obligado a tener relaciones. Terminado el acto, al cual la sometía repetidas veces el sujeto, se retiró sin hacer mayor aspaviento. Era una bestia completa.
¿Ud. vive cerca? Interrogaba Monroy; si señor, aquí nomás, juntito al río, bien, aquí lo que hay que hacer es capturar al borrachoso ese y traerlo para la comisaría, aquí se le quitarán las ganas ya verá. Hagamos esto señora, regrese a su casa nomas, pero apenas vuelva el fulano se viene corriendo a avisarnos para capturarlo, ya jefe, gracias.
Era la una de la tarde del día siguiente, la mujer entraba en la comisaría con un delantal en la mano y una expresión de espanto.
Ya llegó jefe, está en la casa el desgraciado, no me ha visto, me vine corriendo a avisarles. Tocayo vamos, vamos Monroy.
Era la última de las casas de adobe sumergida en un estrecho y extenso callejón; había que actuar con rapidez. Vamos a ver tocayo quien entra primero. Monroy sacó una moneda del bolsillo y la lanzó al aire...
Caballero Juaneco, tu vas primero y yo te sigo, Monroy, esa casa es demasiado estrecha, nos vamos a estorbar, mejor súbete al techo y entras cuando yo te avise.
Mi padre quitó el seguro de su revolver, lo empuñó y se dirigió a la casa, Monroy a grandes pero ligeras zancadas avanzaba también por el techo.
...compadre, fue la primera vez que vi morir a un hombre, tengo la imagen grabada, es algo que no se puede olvidar, así es la vida de un policía pues Osorio, pero sigue contando, está bacán la historia; no es una historia Canelo, es mi vida...
La puerta se abrió de una sola patada, el sujeto al ver a mi padre apuntándolo con su revolver se dirigió con agilidad sorprendente hacia la cocina por una puerta entreabierta y trepó por una mesa enmohecida hasta alcanzar un enorme agujero en el techo que servía para disipar el humo; mi padre corrió a alcanzar al delincuente por las piernas que pendían en un pataleo desesperado, pero sólo alcanzó a quitarle un zapato, intentó entonces trepar también por la mesa pero sonó un disparo y al instante el cuerpo del delincuente cayó sobre la mesa junto a mi padre. Tenía empuñado un cuchillo de cocina.
Todavía humeaba el pequeñísimo agujero que tenía el delincuente en su frente, no sangraba, solo un líquido blanquecino se deslizaba desde el agujero hasta rozarle la ceja.
Baja Monroy!, gritó mi papá, ¡puta mare Juan!, ¡me iba a matar con el cuchillo Juan!, ¡vamos Monroy, hay que sacarlo porque nos van a linchar en este callejón de mierda...
Lo tomaron de piernas y brazos, y salieron corriendo, llegaron hasta la avenida que se deslizaba junto al río Rímac, no había un solo carro, en esa calle ir en automóvil era un acto de imprudencia. Con el sujeto a cuestas siguieron corriendo, el tipo agonizaba, sólo un respirar entrecortado se le escuchaba; llegaron al puente del ejercito y tomaron un taxi al que no dieron tiempo ni de detenerse completamente, lo llevaron al hospital Loayza. No pudieron salvarlo.
... Al loquito le llegó la orden, lo estaban cambiando hasta Puno; unos días después del incidente me dijo que estaban alquilando un departamentito en el jr. Ica, conocía al dueño, me fui a vivir allá, él me ayudó con la mudanza, nos tomamos cuatro cervezas en el departamentito el día que él se iba, no dijimos casi nada, salvo un “nos vemos” al despedirse y nunca más lo volví a ver...
El Sr. Javier Canelo?, pregunta la enfermera. Llegó mi turno coleguita, un gustazo hablar contigo, le dice a mi padre, nos vemos, responde él y lentamente el gordo Canelo ingresa al consultorio...
Durante media hora yo y mi padre nos hemos quedado en silencio, como si volviéramos desde otro tiempo. Aquí sentado en estos pasillos llenos de ancianos enfermos todo parece estar en el olvido. Las cosas que vivimos escapan siempre de nuestras manos demasiado pronto, tanto que al final la vida no parece ser lo que vivimos sino lo que recordamos.... y nada más.
Mi padre nunca ha sido demasiado elocuente, tuvo siempre aquella cualidad escasa en la gente: Piensa mucho cada palabra que va a decir. A diferencia del resto, él habla conmigo e ignora a la gente de su edad.
Chino, me dice, el doctor Contreras era el mejor urólogo, ahora lo han mandado a pediatría, como si los niños sufrieran de próstata, todo está de cabeza, será como dicen mis colegas que nos quieren matar rápido, somos sólo cuerpos inútiles.
Un hombre de espalda ancha y caminar pausado se acerca a mi padre. Disculpa hermanito, ¿tu no eres Osorio? Mi padre lo mira, frunce el ceño, sonríe, las sienes se le arrugan, se pone de pie, ¡hola compadre!, tu eres Canelo ¿no?, ¡no te había reconocido! Se abrazan, palmean sus espaldas con sonoridad sorprendente y yo sólo atino a arrellanarme en el asiento.
...contigo trabajamos en la comisaría de Monserrate no es cierto?, ¿claro!, el gordo Canelo, ¡como no te voy a recordar!
Un ligero sacudir de su rolliza mano me indica, con esa descortesía de quien aún se siente con autoridad, que le haga espacio para que se siente junto a mi padre. Me hago a un lado, su mano me palmea la rodilla, gracias flaquito, su brazo se posa en la espalda de mi viejo con total naturalidad, mi padre parece no molestarse, yo que creía que le disgustaban las personas que se toman demasiadas confianzas.
¿Y te ves con alguno de los colegas?, no compadre, ya tiempo que no los veo, ha pasado tanto tiempo, yo fui el primero en salir de Monserrate, a mi me cambiaron ¿no te acuerdas?, carajo, me mandaron a la selva, si si, lo recuerdo, por dormirte en el servicio pues, ah, carajo, tu no has cambiado nada Osorio, tas igualito, no creas coleguita, ya los achaques...
La verdad Osorio, yo casi no recuerdo a los colegas de Monserrate, salvo a don Pedro, ¡don Pedro, buenísima persona! supe que se murió hace como un par de años, carambas que pena hombre, así es pues hermanito, yo lo estimaba mucho...
Me sé esa historia bastante bien: Don Pedro era el comisario en la dependencia de Monserrate, mi padre fue a trabajar allá apenas salió de la escuela de policía, don Pedro lo estimaba mucho, le decía que debió haber estudiado otra cosa, que la policía no era para él, era demasiado educado, demasiado tranquilo, demasiado respetuoso, Don Pedro lo sobreprotegía....
...pero Don Pedro la cagó pues, lo que pasa es que como te vio tranquilito pensó que juntándote al loco Monroy lo harías cambiar, pero ese loco era incorregible. Si pues, pero era buen pata; ¿Cuanto tiempo te quedaste en Monserrate?, estuvimos como tres años, ¿siempre haciendo pareja con Monroy?, si, siempre con el loquito Monroy, hasta que lo cambiaron pues, no jodas, eso ya no supe yo, porque ah?
Mi viejo decía que el loco Monroy era un buen policía, solo que, como muchos locos, tenía un vicio: El trago. Don Pedro decidió que mi padre y el loco Monroy hicieran pareja para hacer las investigaciones. En esa época trabajar en la comisaría de Monserrate tenía grandes ventajas: Sucedían muchos robos a turistas y visitar los buenos hoteles del centro de la ciudad era parte de la labor de investigación; tomarse un trago mientras se entrevistaba a algún gringo agraviado, mirar a las muchachas, tomarse un vaso de wisky en medio de la mesa, fumarse un cigarro, parecía ser la mejor de las chambas.
El primer caso que les asignaron fue todo un éxito, y sirvió para que la pareja ganara fama en la comisaría. Habían asesinado a un carterista cerca de la colmena. Don Pedro los conminó a no regresar hasta que detuviesen al autor del crimen. Me lo controlas al loco, le había dicho a mi padre, ya Don Pedro, había respondido sin mucha convicción mi viejo. El problema era como encontrar al asesino, no habían pistas, pero por tratarse de un delincuente era probable que la muerte haya sido un ajuste de cuentas. Esta jodido flaco, ¿cual es tu nombre?, Osorio, no pues, no seas cojudo, dime tu nombre, Juan, ah, como yo, bueno tocayo, habrá que chambear, pero un traguito no nos caería mal antes de empezar, pero Don Pedro..., Don Pedro no se va a enterar o si?, no, claro que no; mira compare, Don Pedro no nos va a joder siempre que encontremos al asesino, además, el mismo dijo que no volviéramos hasta agarrarlo, vamos a tomar unos tragos, ya maceraditos empezamos a chambear, el trago hace pensar mejor, vas a ver...
Era medio día. Ingresaron al restaurante del chino Yong, un tipo menudo de formas redondas y sonrisa eterna en el rostro. Pidieron dos cervezas, luego dos mas, y luego otras dos...
Puta mare Juanito, estoy cagado, Don Pedro nos va a mandar a la mierda si no llamamos a reportarnos, vas a tener que ir, culebreando no importa, hasta el teléfono de la esquina y llamarlo, le dices que estamos interrogando a un sospechoso, ya tú ves pues, por algo eres policía, el policía nunca miente, excepto cuando está borracho.
Don Pedro, que tal, si si, estamos en el Rímac interrogando a un sospechoso... borracho?, yo?, como cree Don Pedro... si si, estoy con Monroy, tenemos una pista, pero es en un prostíbulo, vamos a ir para interrogar a una sospechosa, ya mañana le informamos... no se preocupe Don Pedro... Hasta luego.
Eres un conchasumare juaneco, te..., te puedo decir juaneco no?, ¿no te molesta?, no Monroy, bueno juaneco, así que iremos al chongo a entrevistar a una sospechosa, fue lo único que se me ocurrió pues, pero si está muy bien juaneco, hasta puede que tengas razón, conozco un lugar donde siempre se sabe todo...
Zigzagueante, con la camisa fuera del pantalón, mi padre sonreía mientras Monroy cantaba un vals y abrazados caminaban por las estrechas veredas del centro de Lima. Una puerta con luces multicolores los esperaba.
Moreno, que tal, tráeme dos cervezas, acércate moreno, dime, no hay cariño en esta casa?, ¿ontán las cholas?, tráeme a la Silvia pues, mi amigo está recién llegadito y quiere alegrarse esta noche. Ya jefe, la voy a llamar.
Hola Silvia, Hola Monroy, saluda a mi pata juaneco, quiere tomar contigo unos tragos, está solo en Lima, acaba de salir de la escuela y está con el arma en ristre... Salud pues Silvia, no seas sobrada, salud pues, por tu amigo que está guapo; me llamo Juan; tu puedes llamarlo juaneco, para que agarren confianza. ¡Salud!, ¡Salud!
Era difícil emborrachar a las prostitutas, tenían un alambique en el hígado, sin embargo Monroy tenía una cualidad envidiable: Una vez mareado permanecía en un estado que él llamaba “de sana alegría” en el que podía tomar una dama juana entera y no sentir ya los efectos del alcohol.
Bueno Silvia, te voy a decir la verdad, estas jodida, varios turistas han llegado a denunciar robos de relojes y dinero; sobre todo gringos que se ha alojado en el hotel Maury, las descripciones que han dado coinciden totalmente contigo así que te puedo cagar, ahora, el único que sabe que esa descripción te corresponde soy yo, pero si nos ayudas a resolver un asunto podemos olvidar este incidente, puta madre Monroy, no pensarás meterme presa ¿no?, mira flaquita, si no meto preso a un delincuente esta semana mi jefe me cuelga de los huevos; tu debes saber algo sobre el tipo que enfriaron en la calle Camaná ayer en la madrugada. Si nos ayudas a encontrar al que lo mató nos olvidamos de tu caso, que dices flaquita, sino, te jodes porque te metemos para dentro, y ya sabes que allí los tombos andan mas arrechos que mi pata Juaneco.
Silvia los condujo al día siguiente a una fiesta en barrios altos donde estaba el presunto asesino. Pidieron refuerzos y a la salida de la fiesta lo capturaron completamente ebrio. Las huellas digitales coincidían con las del arma usada en el asesinato que fue encontrada unos días después en un basural cerca al río Rímac.
El caso resuelto en pocos días encumbraron a mi padre y a Monroy a la categoría de investigadores para casos especiales. Suerte de principiante, se había dicho mi padre, el resultado de ese caso había sido sólo consecuencia de hechos fortuitos que afortunadamente habían conducido al asesino, pero era poco probable que la suerte los acompañara siempre, aunque poco sabían de probabilidades los asesinos, las prostitutas, y sobre todo Monroy.
La primera impresión es la que vale, siempre me repite mi viejo; eso debió suceder en la comisaría de Monserrate. En casi un año de trabajo posterior al paradigmático caso, la famosa pareja Monroy - Osorio no capturó ni a un ladrón de limones en el mercado; pero su cuenta con el chino Yong conformada por cervezas, piscos y menestrones había crecido enormemente y su reputación y respeto seguían intactos entre sus colegas.
...ese Monroy, pobre loquito carajo, su mujer tenía la culpa, por su culpa paraba chupando el loco, si no? ¿Te acuerdas cuando le hizo todo un escándalo en la comisaría?, si pues hermano, una bronca tremenda, la mujer le arrancó los lentes, se los tiró al suelo y se los pisoteó, se fueron a las manos, bien brava la flaquita ah!, felizmente esa se la perdonó Don Pedro, y entonces ¿cómo fue que lo cambiaron?...
Mi padre, por razones extrañas que nunca me ha querido explicar, dormía en el segundo piso de la comisaría, confianzas que Don Pedro sólo se las permitió a él. Por las tardes, aunque no le correspondiese, mi viejo ayudaba a elaborar los partes y cualquier documento que se necesitaba y durante las noches acompañaba en sus desvelos a quienes estaban de servicio.
Una noche en la que Monroy y mi padre estaban de guardia llegó una mujer con el rostro petrificado por el susto, venía a denunciar el abuso que cometía el conviviente de su hija, esa noche había ingresado a la casa de la mujer completamente borracho y amenazando a su hija con un puñal la había obligado a tener relaciones. Terminado el acto, al cual la sometía repetidas veces el sujeto, se retiró sin hacer mayor aspaviento. Era una bestia completa.
¿Ud. vive cerca? Interrogaba Monroy; si señor, aquí nomás, juntito al río, bien, aquí lo que hay que hacer es capturar al borrachoso ese y traerlo para la comisaría, aquí se le quitarán las ganas ya verá. Hagamos esto señora, regrese a su casa nomas, pero apenas vuelva el fulano se viene corriendo a avisarnos para capturarlo, ya jefe, gracias.
Era la una de la tarde del día siguiente, la mujer entraba en la comisaría con un delantal en la mano y una expresión de espanto.
Ya llegó jefe, está en la casa el desgraciado, no me ha visto, me vine corriendo a avisarles. Tocayo vamos, vamos Monroy.
Era la última de las casas de adobe sumergida en un estrecho y extenso callejón; había que actuar con rapidez. Vamos a ver tocayo quien entra primero. Monroy sacó una moneda del bolsillo y la lanzó al aire...
Caballero Juaneco, tu vas primero y yo te sigo, Monroy, esa casa es demasiado estrecha, nos vamos a estorbar, mejor súbete al techo y entras cuando yo te avise.
Mi padre quitó el seguro de su revolver, lo empuñó y se dirigió a la casa, Monroy a grandes pero ligeras zancadas avanzaba también por el techo.
...compadre, fue la primera vez que vi morir a un hombre, tengo la imagen grabada, es algo que no se puede olvidar, así es la vida de un policía pues Osorio, pero sigue contando, está bacán la historia; no es una historia Canelo, es mi vida...
La puerta se abrió de una sola patada, el sujeto al ver a mi padre apuntándolo con su revolver se dirigió con agilidad sorprendente hacia la cocina por una puerta entreabierta y trepó por una mesa enmohecida hasta alcanzar un enorme agujero en el techo que servía para disipar el humo; mi padre corrió a alcanzar al delincuente por las piernas que pendían en un pataleo desesperado, pero sólo alcanzó a quitarle un zapato, intentó entonces trepar también por la mesa pero sonó un disparo y al instante el cuerpo del delincuente cayó sobre la mesa junto a mi padre. Tenía empuñado un cuchillo de cocina.
Todavía humeaba el pequeñísimo agujero que tenía el delincuente en su frente, no sangraba, solo un líquido blanquecino se deslizaba desde el agujero hasta rozarle la ceja.
Baja Monroy!, gritó mi papá, ¡puta mare Juan!, ¡me iba a matar con el cuchillo Juan!, ¡vamos Monroy, hay que sacarlo porque nos van a linchar en este callejón de mierda...
Lo tomaron de piernas y brazos, y salieron corriendo, llegaron hasta la avenida que se deslizaba junto al río Rímac, no había un solo carro, en esa calle ir en automóvil era un acto de imprudencia. Con el sujeto a cuestas siguieron corriendo, el tipo agonizaba, sólo un respirar entrecortado se le escuchaba; llegaron al puente del ejercito y tomaron un taxi al que no dieron tiempo ni de detenerse completamente, lo llevaron al hospital Loayza. No pudieron salvarlo.
... Al loquito le llegó la orden, lo estaban cambiando hasta Puno; unos días después del incidente me dijo que estaban alquilando un departamentito en el jr. Ica, conocía al dueño, me fui a vivir allá, él me ayudó con la mudanza, nos tomamos cuatro cervezas en el departamentito el día que él se iba, no dijimos casi nada, salvo un “nos vemos” al despedirse y nunca más lo volví a ver...
El Sr. Javier Canelo?, pregunta la enfermera. Llegó mi turno coleguita, un gustazo hablar contigo, le dice a mi padre, nos vemos, responde él y lentamente el gordo Canelo ingresa al consultorio...
Durante media hora yo y mi padre nos hemos quedado en silencio, como si volviéramos desde otro tiempo. Aquí sentado en estos pasillos llenos de ancianos enfermos todo parece estar en el olvido. Las cosas que vivimos escapan siempre de nuestras manos demasiado pronto, tanto que al final la vida no parece ser lo que vivimos sino lo que recordamos.... y nada más.
Febrero 2005.
:) :) :)
Qué personajes...
¿sabes? la que me sorpendió aparte de los cuchillazos y las correderas, fue la flaquita que lo dejó sin dientes a Monroy. Y lo abalanzó al suelo...
Disfruté el relato.
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