Mi última canción
26 de octubre de 2008 by Juan
Mi última canción
Los biógrafos e investigadores no se ponen
de acuerdo sobre la fecha exacta del nacimiento de Tomasso Gigliotti. Algunos
señalan que fue a inicios de marzo de 1947, otro grupo se inclina por los
últimos días de noviembre de 1949, muchos otros, los más numerosos, descartan
ambas fechas con la única intención de extender la polémica y avivar el mito.
De su infancia en la Roma de mitad del siglo veinte también se sabe
poco, algunas fotos conservadas en la pequeña escuela de Saint Stephen's, donde
pasó su infancia y primera juventud, son los únicos registros con los que se
cuentan, los cuales nos dan los primeros datos certeros sobre su atormentada
biografía. De este registro destaca una curiosa serie de seis fotografías en
las que descubrimos a Tomasso Gigliotti en una fiesta de disfraces a la que
asistió completamente desnudo, lo que nos confirma su temprana rebeldía, sus
formas redondeadas y su singular cola. Los años en la escuela de Saint
Stephen's han suscitado también numerosas conjeturas; algunos testimonios
concuerdan en que aquellos fueron años difíciles por las constantes burlas de
sus compañeros hacia sus desproporciones; otros en cambio convienen en afirmar
que más allá de los problemas propios de la adolescencia, la vida de Tomasso transcurrió
en Saint Stephen's School bastante tranquila. Le perdemos el rastro hasta 1962,
año en el que hace su primera aparición pública en "Caffé Latino"
donde interpreta tangos de arrabal y canciones de vodevil intercalados
oportunamente con números de prestidigitación. Tras la tibia aceptación del
público los dueños del local lo conminan a eliminar las canciones y dedicarse
únicamente al espectáculo de magia, Tomasso amenaza con renunciar al
espectáculo pues considera que sus interpretaciones vocales son su mayor
virtud. Los dueños del local no se arriesgan a que cumpla su amenaza, y de
inmediato, lo despiden. El dinero para entonces es escaso, según cuenta su
amigo el español Raúl Gómez Astor; Tomasso Gigliotti se ve obligado a viajar
hasta un laboratorio de la universidad de Verona en donde le ofrecen un trabajo
arriesgado pero con casa y comida aseguradas. Esta es la época más difícil en
la vida de Tomasso, según refiere Astor, pues sufre indecibles torturas y un
encierro enloquecedor durante siete meses cuyas secuelas se verán después
reflejadas en su obra. Tras haber sido sometido a innumerables experimentos es
dejado abandonado en las riveras del río Adige, con daños evidentes e
irreversibles, su voz se ve muy afectada por las dosis de compuestos químicos
que le fueron inoculados y sufre también de un insomnio que lo acompañará por
el resto de sus días. Una vez en libertad, y con varias composiciones bajo el
brazo, emprende el regreso a Roma esperando alcanzar el éxito que le permita
superar las penurias económicas; pero tiene además una motivación mayor, comprende
que sus canciones son su única forma de expresar su atormentado mundo interior.
Durante su época de encierro ha compuesto sus primeras canciones y está
decidido a darse a conocer por cualquier medio. La oportunidad le llega en el
programa Canzonissima en donde una secuencia de nuevos talentos parece ser el
trampolín perfecto. Su primer sencillo "Jugando con los deditos" se
convierte en un éxito en ventas. Posteriores análisis han llegado a la
conclusión de que esta críptica canción combina ya las dos cualidades de toda
su obra posterior: una aparente temática naif en busca de la
aceptación de las grandes masas pero en el fondo un complicado entramado de
símbolos y figuras poéticas nacidas de sus profundas reflexiones atizadas por las
terribles experiencias vividas.
"Estamos todos sonriendo
jugando y aprendiendo
¿Cuál es el nombre de los 5 hermanos
que son los dedos de la mano? "
Escribe Tomasso en esta canción, aludiendo
a su vida en el laboratorio de Verona y a los cinco doctores encargados de su
cruel custodia.
El éxito de este primer disco es
rápidamente opacado por la aparición, en la escena musical italiana, de
Raffaella Roberta Pelloni, conocida luego como Rafaella Carrá, quien es muy
bien recibida por la ácida crítica, mérito a sus composiciones sencillas y a su
envidiable figura, combinación perfecta que enamora tanto a la intelectualidad
como a la plebe Italiana.
“far l'amore comincia tu.. E se si attacca
col sentimento portalo in fondo ad un cielo blu, le sue Paure di quel momento
le fai scoppiare soltanto tu”
Nos dice Rafaella Carrá en esta canción
que a pesar de su temática tan personal recibe todo tipo de elogios y obtiene
records de ventas.
Raúl Gómez Astor, con quien Tomasso
comparte ya una habitación en las afueras de la ciudad, le hace comprender que
el problema con sus canciones no es la temática, ni el que utilice ritmos
pasados de moda, o que su figura no tenga la exuberancia de la Carrá, sino
que sus composiciones están escritas en español. Emigrar es entonces la natural
consecuencia; ambos, en amical empresa, reúnen todos sus ahorros y se instalan
en Madrid. Tomasso no se siente derrotado, entiende que una contienda artística
con la Carrá es inútil por lo desigual de las fuerzas; acepta además,
con total hidalguía, que toda derrota ante una mujer hermosa no es del todo indigna.
Tras unas semanas de reflexión ha ganado en seguridad, se siente inyectado de
renovadas energías y confía, quizá en demasía, en su talento y en el prometedor
éxito que presiente tendrá en un país donde podrán al fin entender sus
canciones. Este cambio es clave en su biografía pues es en Madrid donde decide
cambiarse de nombre por considerar que Tomasso Gigliotti es poco comercial para
los hispanohablantes, adoptando el nombre artístico que lo acompañará hasta el
final de su carrera, asistimos pues al real nacimiento de Topo Gigio.
En España su ascenso es meteórico,
consigue un programa propio en donde su voz bronca pero pausada y su mirada
melancólica rinden a todo el país. Pero la felicidad le dura poco, el éxito y
el desequilibrio mental avanzan galopantes, su insomnio es cada vez más
incontrolable y empieza a sufrir sus primeros delirios. Es en esta época que
escribe la que quizás sea su canción más memorable: "A la camita"
“Hasta mañana, si dios quiere,
que descansen bien...
llegó la hora de acostarse
y soñar también...
Porque mañana será otro día,
hay que vivirlo con alegría…”
Este descarnado y conmovedor testimonio en
tono de ironía nos muestra a Topo Gigio en su real dimensión, un sujeto
atormentado por sus sufrimientos, que se ríe de sí mismo y que finalmente
intenta ser optimista. Las desgracias nunca vienen solas y el éxito en España
lo obliga a tener entrevistas sin descanso y dar presentaciones en todo el país
y en gran parte de Latinoamérica. Raúl, al ver a Gigio totalmente desmejorado,
decide sacarlo de la vorágine en la que se encuentra por culpa de tanta fama y
consigue afincarlo en la capital mexicana.
En México consiguen rápidamente un
programa propio, a decir verdad una copia fiel del programa español; allí el
plato fuerte es la secuencia final de cada emisión en la que Topo Gigio hace
mofa de su insomnio cantando “A la camita” y gritándolo con desmedidas ansias
al momento de echarse a dormir.
Sus delirios son el otro hito en su
biografía. El tema no ha querido ser abordado por Astor por respeto a su amigo,
sin embargo muchos de los trabajadores (camarógrafos y luminitos) fueron
testigos de ataques de ira y gritos destemplados que le sobrevinieron en varias
ocasiones. El rumor de sus desequilibrios es la comidilla de todos los
programas de espectáculos; Astor sugiere a Topo Gigio simular uno de estos
ataques de ira ante cámaras para convencer a su tele audiencia de ser parte de
una secuencia nueva del programa. La idea termina siendo contraproducente y
aquellos gritos destemplados y temblores simulados emocionan a sus seguidores.
Sus productores le piden que cante menos y haga más payasadas, que simule más
ataques, en suma, intentan convertir a Topo Gigio en un producto mediático,
vendedor y efectista. Esto le conduce nuevamente a más depresiones, más
insomnio, más delirios y a un intento de suicidio. Pero nuevamente es Raúl
Astor quien sale a su rescate. Su siguiente parada sería Buenos Aires.
Argentina es el único país de
Latinoamérica donde Gigio no es un ídolo y esto le permite tener una vida un
poco más sosegada. El programa sin embargo se sigue transmitiendo para el resto
de países de la región y Gigio sigue siendo asaltado por sus delirios. Los
doctores que lo atienden describen entre sus más recurrentes alucinaciones
cierta sensación de estar en un laberinto, como en sus terribles épocas en el
laboratorio de Verona, desesperado por encontrar la salida. La claustrofobia es
para entonces un ítem más en su historial médico; las pocas veces que logra
dormir es presa de pesadillas en las que revive los maltratos y torturas a las
que fue sometido en la lejana Italia. Las terapias a las que es sometido no
parecen dar resultados, sus tan aclamadas simulaciones de ataques de ira y
delirio terminan siendo reales crisis nerviosas que logran ser aplacadas sólo
por el besito de las buenas noches que el buen Astor le da a modo de paliativo.
La tragedia sobreviene en una noche de septiembre de 1986, en plena transmisión
de su programa en vivo Topo Gigio tiene un arranque de locura, coge una navaja
de afeitar que ha sacado de su camerino y de un tajo se arranca una de sus
descomunales orejas. La escena es dantesca, los últimos segundos de esa emisión
muestran a Gigio despidiendo sangre a borbotones y gritando “¡yo soy Van Gogh,
yo soy Van Gogh!”. Inmediatamente el programa es interrumpido en medio del
estupor del público de todo Latinoamérica. Al día siguiente aparece nuevamente
en pantallas, ojeroso, pálido, abotagado por los ansiolíticos y con un parche
en lugar de la oreja izquierda. Su figura es lastimera, trágica, conmovedora.
Le cancelan el programa.
Su encierro en el hospital psiquiátrico
Braulio Moyano dura casi dos años. Para sorpresa y felicidad de Astor, quien
creía que todo lugar parecido a un laboratorio traería terribles consecuencias,
el encierro parece haber obrado ahora adecuadamente, la medicación parece
surtir efectos favorables y Gigio muestra una franca mejoría. Su mejor terapia
y única redención es la entrega por completo a la composición de nuevas
canciones que va grabando de a pocos pero ininterrumpidamente, ésta es pues su
época más prolífica, prueba de ello son los memorables títulos: “Aprendamos a
conocer los sentidos” una de sus más catárticas canciones, “Cantando los
números”, con reminiscencias numismático-metafísicas y sobre todo la
famosa “no controles” que semanas después fuera robada por Nacho Cano,
integrante del grupo Mecano, en una de sus esporádicas visitas a Gigio, para
luego venderla al mediocre trío FLANS por la irrisoria suma de cuatro dólares
con veinticinco centavos. Curiosamente FLANS obtendría mucho éxito en México y
Latinoamérica con esta canción, aunque hoy ya nadie los recuerda. Para entonces
Topo Gigio está convencido de poder encandilar al público con alguna de sus
nuevas composiciones, así que a su salida del hospital psiquiátrico, viejo y en
la total miseria, le pide a Astor un último favor, conseguir que alguna
televisora local presente su más recién composición musical y le pide además,
si fuera posible, tener público en el estudio. Cree fervientemente que su
última creación conquistará al público sin importar su edad ni su condición. Astor
sabe que Topo Gigio se está jugando su última carta, no tiene el valor de
negarse. Tras varios días de gestiones y llamadas convence a Susana Jiménez de
presentarlo al final de su programa. Nadie ha escuchado antes su canción, lo
cual ha generado durante la emisión del programa cierta expectativa. Como
despedida, dice Susana, lo anunciado, en primicia, la última canción compuesta
por el recordado Topoooooooo Gigioooooo. Topo Gigio hace su aparición ante
cámaras luego de más de dos años de ausencia, y para asombro de quienes
recuerdan la espantosa escena de la oreja cercenada, lleva ahora una burda
oreja de esponja pegada de mala manera con sus propias manos y al son de los
primeros compases empieza la que sería su última presentación en televisión:
Contaré la historia de una famosa persona
todos la conocen con el apodo de Chona
su marido dice ya no sé qué hacer con ella
diario va a los bailes y se compra su
botella
se arranca la banda con la primera canción
Y la Chona luego luego busca
bailador
la gente la mira y la empieza a gritar
Bravo bravo chona nadie te puede igualar
Se le escucha cantar a Gigio en ritmo de
Cumbia Sanjuanera mientras menea la cintura intentando llevar el ritmo con tan
poca pericia que al intentar una media vuelta se le desprende la oreja de
espuma y cae al suelo. Las luces del plató le dan justo en el rostro, el ritmo
Sanjuanero sigue estridente pero él ya no canta, se oye el murmullo de la gente
y luego las risas que ya no pueden ser contenidas; con una expresión de total
derrota recoge su oreja de esponja y desaparece de escena en medio
de las carcajadas del público.
Nadie ha sabido a ciencia cierta qué fue
de nuestro artista luego de aquella patética presentación, sin embargo se han
oído rumores de que Tomasso Gigliotto, quien alguna vez fue el famoso y muy
incomprendido Topo Gigio, pasea su apesadumbrada figura por las alcantarillas
de Buenos Aires, arrastrando su oreja de espuma y tarareando la muletilla de la
última canción que nunca, nunca, pudo terminar de interpretar: Bravo, bravo
Chona, nadie te puede igualar, bravo, bravo chona nadie te puede igualar.
Muy buena historia, me hizo recordar las biografías adulteradas de Fresán, hasta ese punto medio pop-mediático.
El cuento demuestra que no hay que usar un lenguaje muy complicado para hacer una historia interesante.